Inevitablemente contemporáneo
Quién hubiera sido si no fuese

¿Qué hubiese sido Andrés Waissman si no fuera artista?

En realidad pensé en decir “pintor” porque lo veo más “pintor” que “artista” pero la deformación profesional me llevó a usar una palabra más abarcativa, más à la page… La verdad me cuesta imaginarlo sin producir obra -perdón, sin pintar, otra vez la bendita deformación- pero me late que cualquier otra cosa que hubiese sido estaría ligada al decir, al comunicar, a lo social. Lo que sucede es que, para mí, la pintura de Andrés −su universo− es irrefutablemente discursivo. Es un poco como él mismo hablando: presuroso, resuelto, impetuoso, como queriendo transmitir mucho y, además, intenso. Espeso. Con peso. Pero no solemne. Eso me gusta. Que puede ser serio sin ser solemne. Me recontra aburre la gente solemne. Y la pintura solemne ni te cuento…

Creo que Andrés, si no hubiese sido pintor, hubiera sido un muy buen diputado (¡y con la falta que nos hace!). Pero, entre nos, de diputado no hubiese pasado… no lo veo con estómago para más. Me lo imagino un día cualquiera, rayando la madrugada, sentado en un butacón de cuero baqueteado en el recinto de la Legislatura o del Senado (ese escenario le va perfecto) enredado en una discusión, enrojecido y acalorado, intentando hacerse entender entre una especie que no es del todo la suya. Sí claro… considerando (a veces tan solo tolerando) lo que otros opinan pero, igual, haciéndose mala sangre… Pobre, mejor no… diputado no… Ojo, eh!! Que también podría haber sido médico. Convengamos que “Doctor Waissman” suena más que bien. ¡Sí, totalmente! Enfoco y le veo un profile muuuuy galeno, emperifollado con su ambo blanco recién planchado (pero debajo bien vestido eh, nada de ponerse cualquier cosa y el delantal por encima). Pediatra. Médico pediatra, lleno de pacientitos que nunca le hacen perder su buena onda. Un médico de los que se toman tooooooodo el tiempo para explicarle a mamá qué corno tiene el nene que hace días que está tan fastidioso. Esos que atienden el celular a cualquier hora para dar alguna indicación, pero sobre todo, para tranquilizar, para transmitir confianza. El estetoscopio colgado del cuello le reeeee va. Eso sí: su consultorio no tendría ningún poster raído de los girasoles de Van Gogh y mucho menos alguno de esos patéticos violistas de Chagall. Algunos diplomas obvio que sí, de cursos hechos en el exterior y especializaciones varias, pero nada de afiches demodé y de pésimo gusto.

¿Y rabino??? (Mmmm…, lo pienso y me autocensuro un poquito… no vaya a ser que mi ocurrencia termine siendo ofensiva) ¿Podría Andrés haber sido un rabino? Wikipedia dice que un rabino es un jefe espiritual, una suerte de maestro interpretador de las sagradas escrituras (perdón la digresión: no es que yo no sepa lo que es un rabino -aclaro por las dudas- pero como soy goy, me pareció prudente volver a checkear la data). “El Rabino Waissman”. ¿Qué tul? Maestro es hace rato. Cientos de púberes -y no tanto- pasaron por su taller para aprender no sólo a pintar. Pasta para transmitir no le falta. Y convicción tampoco. Pero acá tengo un problemita. El atuendo no encaja. No logro verlo ni con la kipá ni con el talit ni con el sombrero Clergy negro con esas alas demasiado pronunciadas. Pero la mística judía de la cábala -o la mística a secas- le re cabe. Me refiero a la búsqueda de lo sagrado, al deseo de tomar contacto directo, aquí y ahora, con una espiritualidad elevada, con un éter real e irreal a la vez, que nos permita creer -al menos por un instante- que somos capaces de transcender y sobreponernos a la crasa finitud de nuestros cuerpos. Paro acá. Hago un save en el documento y giro la silla con rueditas unos 45 grados. Ahí está mi pequeño Waissman que cuelga de la pared a mi derecha. Una tablita de 9 x 25 cm abigarrada de signos indescifrables, como salidos de un alfabeto arcaico y remoto. No tengo idea porqué pero por alguna razón siempre asocié esa imagen a lo inadecuado e incómodo que el lenguaje resulta para hablar, expresar o dar cuenta de ciertas cosas… Sobre todo de las importantes.

¿Quién hubiese sido Andrés Waissman si no fuese Andrés Waissman? Quién sabe… Con otro atuendo, en otro entorno, probablemente hubiese sido él mismo.